Bote de Seabronce con la tapa junto a él, sobre fondo blanco

Autobronceador vs protector solar: por qué no son lo mismo (y por qué te hacen falta los dos)

¿Cuántas veces has escuchado eso de "da igual, si ya estoy morena no me quemo"? Pues vamos a dejarlo claro desde el principio, como te lo contaría una amiga en la piscina: autobronceador y protector solar no son lo mismo, no hacen lo mismo, y necesitas los dos. Sin excusas, que luego duele.

Qué hace cada uno (y qué NO hace)

El autobronceador, como Seabronce, reacciona con las capas más superficiales de tu piel para darte ese color dorado. Es cosmético, es efecto óptico. No tiene absolutamente ningún filtro que te proteja de los rayos UV, por muy oscuro que se vea el resultado.

El protector solar es el que de verdad trabaja contra la radiación UV, evitando quemaduras, manchas y el envejecimiento prematuro de la piel. Uno broncea (o simula que broncea), el otro protege. Son trabajos distintos y ninguno sustituye al otro.

El mito peligroso: "con autobronceador ya no me quemo"

Este es el mito que más nos preocupa, porque puede salir caro. Que tu piel tenga un tono dorado gracias al autobronceador no cambia tu fototipo real. Si eres de piel clara, sigues siendo de piel clara por debajo de ese color, y el sol te va a quemar igual si no te proteges. El bronceado "de bote" es solo estético, no es un escudo.

El orden correcto

Para que todo funcione bien y no acabes con resultados raros, sigue este orden:

  1. Exfolia e hidrata la piel la noche antes o unas horas antes de aplicar el autobronceador.
  2. Aplica Seabronce y deja que actúe el tiempo indicado antes de vestirte o mojarte.
  3. Cuando vayas a exponerte al sol, añade siempre tu protector solar encima, como parte final de la rutina.

Modelo tomando el sol junto a la piscina con el bote de Seabronce ya empezado

¿Se estropean entre ellos?

No, para nada, se llevan bien. Puedes aplicar tu protector solar con total normalidad encima del autobronceador ya asentado. Lo único que te recomendamos es no aplicar ambos productos exactamente al mismo tiempo sobre la piel recién bronceada: dale a Seabronce su tiempo de actuación primero, y luego el protector como colofón antes de salir de casa.

Por qué con Seabronce esto es fácil de recordar

Seabronce es resistente al agua y al sudor, así que tu bronceado aguanta el chapuzón en la piscina o el mar sin que tengas que estar retocando nada. Eso sí, esa resistencia es para el color, no para el sol: sigue siendo una rutina de dos pasos, autobronceador para el tono y protector solar para cuidarte de verdad.

Así que ya lo sabes: color con Seabronce, protección con tu SPF de siempre. Los dos, siempre, sin dejarte ninguno en el neceser.

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Segundo capítulo de "Temporada de Bronce" — nos leemos el jueves con el siguiente.

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